lunes, 13 de mayo de 2013

PUBLICACION DE MI PRIMER LIBRO

Al final fue tan fácil como coger un folio, sacar punta al lápiz, poner cara de escritor  y dejar que la imaginación volase hasta poder presentaros este libro repleto de  relatos escritos con LETRAS MAYORES para todos los públicos.

domingo, 20 de noviembre de 2011

EL VOTO

Vota el rico en su riqueza,
a quien quiere y le apetece,
vota el pobre que merece
poder pagar la hipoteque.
Vota el que manga y cargo pretende,
vota el indignado indiferente,
y en el mundo en conclusión,
todos votan lo que votan
aunque ninguno lo entiende.
Yo voto que estoy aquí,
de este apesumbrar cansado,
y soñé con otro Estado,
más sonriente y feliz.
¿Qué es el voto?,
Un frenesí
¿Qué es el voto?
Una prisión,
una sombra
una ilusión,
Y ningún voto es pequeño,
pues todos los votos
son sueños,
y los sueños,
pues éso,
Sueños son

Que Calderón de la Barca me perdone

domingo, 16 de octubre de 2011

CUENTO MEDIEVAL

Cuentan que por aquellos tiempos, un labriego
volvía a casa una tarde de calor sofocante con la bolsa repleta de monedas fruto de la venta de las hortalizas que cultivaba con esmero en el terreno que era de su propiedad, y con él, una
preciosa morisca que había comprado en la subasta de esclavos. Tan hermosa era que a su paso tanto hombres como mujeres, dejaban sus labores para admirar a la que con ojos asustados, se contorneaba al ritmo del vaivén del destartalado carromato.
Era la joven tan hacendosa, que limpiaba, cocinaba, faenaba en los campos y con una gratitud infinita cuidaba del hombre que la había rescatado del tormentoso futuro que le aguardaba de haber caído en otras manos.
Pronto la expectación que emanaba esta criatura generó que mozos barbilampiños, jóvenes de lívido insaciable, hombres solteros y casados, buscaran innumerables pretextos para conseguir sus favores, pues de todos era conocido la avanzada edad de su dueño y el poco apetito sexual con
que debería satisfacer a la moza.
No ajeno a tales circunstancias y temeroso de que algún desalmado, la desflorara, decidió encerrarla por la noche y liberarla con la llegada del alba.
Un día de fiesta, acertó a pasar por los alrededores un buhonero charlatán que vendía pócimas que remediaban cualquier mal, incluido el de la fogosidad que debe preceder a los amores.
Atraído por sus incesantes voceríos, y comprobada la eficacia de sus remedios, púsose el hombre en la fila donde los parroquianos esperaban los suyos para aliviar sus dolencias. Cuando le tocó el turno, expuso su inquietud por no poder satisfacer a su esclava, a lo que el charlatán, joven de buena presencia, le respondió que debía conocer a la moza para evaluar si su pócima haría efecto.
Quedaron en verse al atardecer y fue tal lai mpresión que ella causó en él y el rubor sofocante de ansia desbordada que afloró en la muchacha que un deseo irrefrenable nació como un pacto de silencioso amorío.
- Tengo la solución a su problema- dijo al labriego poniéndole en las manos una botella de líquido negruzco de la que debía probar un trago cada noche y durante una temporada. Sólo dos condiciones tenía que guardar. No tocar fémina alguna en tanto el remedio no surtiera el efecto deseado y no pagarle hasta comprobar los milagrosos resultados.
Muy contento el hombre regresó a su casa ydespués de proceder al encierro de su preciosa criatura, tomó, no uno, ni dos, sino tres largos tragos vaciando a la mitad el contenido del frasco, notando como el líquido recorría su cuerpo y un irrefrenable sopor le invadía quedando profundamente dormido, circunstancia que propició el encuentro de los jóvenes que se amaron sin cesar una y otra vez, y otra vez más.
Y folgaron, folgaron, folgaron.
Y retozaron, retozaron, retozaron.
Y pasó el tiempo y con él, más noches y más amoríos hasta que tan bella flor quedó embarazada, con el consiguiente disgusto por las represalias que el amo iba a tomar.
Y el joven decidió poner fin a tales escarceos.
Y así una la noche, cuando el anciano tras encerrarla, tomó los tragos convenidos y el sueño no tardó en llegar, el frenético y cumplidor amante aprovechó a desnudarlo y depositarlo en el catre de la moza que de la misma guisa yacía.
A la mañana siguiente, atónito despertó el anciano y viéndose despojado de sus prendas y al lado de una muchacha que se desperezaba satisfecha creyó que la ventura había llamado por fin a su puerta.
- ¿Qué sueños ha tenido, mi señor? –preguntó.
- Placenteros, a fe mía, placenteros.
Y así con la felicidad en el rostro, pagó l osservicios al buhonero quien, silbando una melodía, azuzó los viejos percherones que tiraban de su destartalado carromato, hasta desaparecer por un recodo del camino.

Moraleja:
Cuando al despertar tu cuerpo veas desnudo, asegúrate que “tu falo” por la noche ha estado duro.





domingo, 19 de diciembre de 2010

ME GUSTAS

Me gustas cuando ríes y cuando lloras. Me gustas cuando hablas o cuando enmudeces porque de tus silencios siempre se aprende algo. Me gustas cuando sufres porque ese dolor te sale del alma y brota de ti como flechas ensangrentadas que tiñe de tonos rojos el amanecer. Me gustas cuando sueñas porque esos sueños contagian de puro magnetismo. Me gustas cuando tocas el piano porque las notas se esparcen por la estancia inundándolo todo de armoniosa melodía que llena de paz mi alma atormentada. Me gustas cuando amas con ese amor que derriba fronteras y hace que descanse en un remanso de paz. Me gustas por la avidez con que lo miras todo empapándote a rebosar de las cosas bellas de la vida. Me gustas cuando sonríes porque con esa sonrisa iluminas la obscuridad de los obscuros pensamientos. Me gustas cuando haces el amor porque consigues transportarme al cielo de los placeres infinitos. Me gustas por el color de tus ojos verdes empapados del frescor del rocío. Me gustas por tu pelo color oro. Me gustas por tu olor a lavanda después de la ducha. Me gustas porque te conviertes en mi oración de buenas noches y con la que saludo al nuevo día. Me gustas por tus piernas crecientes y tu falda menguante. Me gustas por la frescura de tus pensamientos desbocados cual potrillo al que acaban de destetar. Me gustas por el optimismo gratuito que derrochas con tu sonrisa. Me gustas por tu voz melosa que se cuela en mis sentidos y es capaz de aniquilar mis pensamientos adulterados de sonidos incoherentes. Me gustas por tu entrega generosa. Me gustas por la ternura con la que dices te quiero, te quiero, te quiero. Me gustas porque haces que el gustar sea un gusto. Me gustas porque eres el descanso del guerrero tras una cruenta batalla. Me gustas por permitirme ocupar un plano en tus fotografías, de compartir mi vida contigo. Y me gustas porque me has acompañado hasta la frontera que delimita la vida con la muerte y te sientas a mi lado en esta fría sala a la espera del Juicio Final, mientras observamos como la inmensidad del infinito, nos aleja de esa pelota redonda y achatada por los polos que alguno dio por llamar planeta Tierra. Amén y así sea.

domingo, 24 de octubre de 2010

AUTORRETRATO


Hay ejercicios que me gustan más o menos. Este no me gusta nada. Admiro la capacidad de escribir de los buenos escritores. No me gustan las películas de terror. Odio a los vampiros de colmillos puntiagudos y a los que chupan la sangre sin tenerlos. Tengo un orden desordenado. Mi casa es acogedora y agradable, por lo menos eso dicen mis amigos y los que llaman a la puerta. Me levanto con el convencimiento de que me queda todavía mucho por hacer. Me gustaría morirme sin sentirlo. Me gustan los rompecabezas. Me sorprendió aquel hombre haciendo punto en la familia con la que conviví en Cambridge. No tengo complejos. Por pisar fuerte me he llevado muchos pisotones. Me gustaría romper muchas copas en los brindis. Reconozco que soy un patoso bailando. Me gustan los puzles y crucigramas. Nunca entendí que muchas obligaciones obliguen a tanto. Me gusta el canto de los pájaros y olor de las flores. De todas las metas que me he propuesto me conformaría con lograr al menos una. De pequeño tenía siempre la convicción que nunca me haría mayor. A veces pienso en voz alta para convencerme a mí mismo que lo que digo no es tan tonto. Conozco algunas personas anónimas que deberían dejar de serlo. Me molestan los ruidos. Quiero acabar demasiado pronto mis escritos. No le doy tiempo al tiempo. El tiempo es el paso de la vida. Conocí a una chica que me duró poco, suele ocurrir con las cosas bellas. Miro la piscina de casa en espera del verano. Las paradas de autobuses me recuerdan rostros blanquecinos de cansancio, Soy optimista. Tengo pocos pero buenos amigos. Me gusta el azul marino. No aguanto los zapatos mal colocados. No soy optimista ni pesimista, en eso soy agnóstico. Pienso luego existo aunque a veces no merezca la pena profundizar en muchas cosas. Nunca he entendido por qué dos más dos son cuatro. Mi mujer es la única que me entiende y me soporta más de una hora. Debe quererme mucho. Siempre que escribo creo que la historia es mía, de mi propia cosecha sin detenerme a pensar si alguien se me ha adelantado. No importa la escribo y voy a por otra. Cuando alguien me llama de usted creo que me estoy haciendo viejo. Soy malísimo para recordar caras nuevas por lo que a veces doy la impresión de ser desconsiderado. Cuando no tengo más que escribir pongo Fin y se acabó.

sábado, 16 de octubre de 2010

ME ACUERDO...


Me acuerdo que cuando nací no me acordaba de nada.
Me acuerdo de las primeras gafas que me pusieron. Debía tener seis años y de ellas no puedo olvidar que las patillas rodeaban la oreja, como si la abrazaran, y que acababan en dos bolitas que parecían pendientes. Con horror me acuerdo de la cantidad de tiempo que hubo de pasar hasta que dejaron de llamarme gafotas cuatro ojos en el colegio.
Me acuerdo de las Noches de Reyes, cuando los Reyes Magos eran todavía los Reyes Magos y de la ilusión de unos niños que esperan el paso de las interminables horas para ver los juguetes y cómo temerosos, ávidos de curiosidad, nos las ingeniábamos para intentar pillar "in fraganti" a sus majestades.

Me acuerdo de cuánto me costó conseguir aquel loden verde que estaba de moda.
Me acuerdo de la chica sin nombre que perseguía a hurtadillas calle abajo desde la salida del cine hasta el portal de su casa y con la que nunca llegué a cruzar palabra seguramente más por falta de atrevimiento que por vergüenza.
Me acuerdo de los maravillosos veranos en Punta Umbría, de las múltiples ronchas que plagaban mi cuerpo infringidas por la insoportable plaga de mosquitos que nos atacaban sin piedad a la caída de la tarde.

Me acuerdo de Carmen, mi primer amor verdadero.
Me acuerdo el día examen de conducir y de cómo me temblaba el pie del acelerador mientras un insensible y estático y sudoroso examinador tomaba notas sentado en el asiento trasero del coche.
No me acuerdo de mi primer día en el Servicio Militar. Ni quiero. Pero sí y con todo lujo de detalles del día en que me licencié y devolví el uniforme. Me dejaron los calzoncillos, la camiseta y las botas.
Me acuerdo del asqueroso sabor de los encebollados filetes de hígado y de los vasos de leche templada que nos obligaba a beber mi madre por aquello de que el uno tenía mucho hierro y la otra era rica en calcio.
Me acuerdo del persintente rugido de la olas que bañan la arena y que lograba tranquilizarme tanto que pasaba las horas muertas escuchándolo y contemplando el atardecer mientras el agua salada mojaba los bajos de mis Levi Strauss.
Me acuerdo de la primera vez que toqué los pechos de la que dijo ser mi novia y luego resultó un putón verbenero.
Me acuerdo que era capaz de distinguir mediante el olor las estaciones en que nos encontrábamos. Así la primavera me olía a plantas, el verano a calor y sequedad. El invierno olía a frío y a madera quemada de las chimeneas de las casas de piedra de los pueblos de montaña. El otoño... el otoño a tristeza, caída de las hojas, desesperación...
Me acuerdo de mi primer día de trabajo. Corbata de nudo estrecho y traje de chaqueta estrenado para tan memorable acontecimiento.
Me acuerdo de mi primera paga que no me llegó ni hasta mediado de mes. Era un octubre de hace mucho tiempo.
Me acuerdo de que si tuviera que recordar todo, me faltaría tiempo.
Me acuerdo de mis padres ya fallecidos y de sus amigos que lo van haciendo.
No me acuerdo de lo que no quiero recordar y si lo hago intento rechazarlo al momento.
No acuerdo de las Misas en latín pero perfectamente de los cubatas de las tardes de guateques.
Me acuerdo de todas mis musas y muchas veces envidio a las de otros.
Me acuerdo de mi primer coche. Un renault cuatro blanco que tenía tres marchas y la de atrás.
Me acuerdo de la vergüenza del pedir en la farmacia condones entremezclados entre las aspirinas y las sales de fruta eno.

Me acuerdo de tardes interminables de inviernos lluviosos.
Me acuerdo de los castigos.
Me acuerdo del día que me prejubilé como una liberación de múltiples ataduras.

Y espero nunca acordarme del día en que me muera.

jueves, 1 de julio de 2010