Y al séptimo día descansó con la tranquilidad de los que, durante mucho tiempo, han hecho bien la tarea, de los que regresan a casa buscando el refugio del guerrero después de una cruenta batalla que se inicia con el estruendoso sonido del despertador al despuntar el alba.
Y al séptimo día descansó en brazos de su amada observando como los niños se han hecho mayores y los mayores ya pintan canas.
Al séptimo día de la sexta y pico década de agotadoras jornadas laborales, entre aplausos de compañeros, apretones de manos de jefes, halagos y fotografías que plasman el momento, ha llegado la hora de cerrar tras de sí la puerta, de la misma forma que la había abierto hace muchos años, sin hacer ruido, sin que nadie note su presencia, sin que nadie repare en su insignificante cuerpo enfundado en el raído traje gris y corbata pasada de moda.
Y al séptimo día descansó con un merecido descanso.
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